La intensidad asusta y abruma en nuestra sociofrivolidad. Los intensos incomodamos. No puedes dejarte impregnar por las emociones y que se note. Lo correcto es entrar en el modo todo va bien. Mordernos la lengua para no irritar con nuestra plenitud —porque si te va bien, de verdad, "jode"— o, mucho peor, silenciar heridas hasta autodestruirnos y desaparecer.
Detesto el todo va bien, porque sé que es mentira.
Cansada de complacer, quiero incomodar repreguntar hasta convertir el todo va bien en verdad. Con la cara que me toque cada día, sin maquillar. Mostrar lo que hay.
Digerirlo o atragantaos.
Soy repoéticamente intensa,
circundante,
desconcisamente...
Viví de espaldas a mí hasta olvidarme de quién era. Pasé años impregnada de señora de don nadie hasta las cejas. La tristeza, la rabia y la decepción eran mi desayuno, comida y cena. Me empeñé en mantener una relación, anestesiando mi escozor con una cataplasma de culpa ajena.
Respiré sufrimiento aderezado con reproches hasta envenenarme. Intentando cumplir expectativas ajenas, me desdibujé. Empeñada en que funcionase algo concebido roto, exploré los límites de la relación llevándola al precipicio y me lancé al vacío a modo de suicidio sentimental. Duró tanto como mi miedo a conocerme.
Desde la más absoluta nada me planteé la única pregunta que nunca me formulé en todo ese tiempo: ¿por qué? No hubo respuestas; solo un camino difícil, incómodo y largo hacia el centro del problema: yo no me quería.
Huyendo del pasado,
con el miedo...
...y emprendí el camino,
hacia donde nunca llegó nadie.
Canas en el pelo,
arrugas en el ceño,
noches sin sueño
y...
...razones para creer
miedos por vencer
y ropa que tender.
Llevo meses reflexionando sobre esta nueva etapa de mi vida, en la que he decidido robarle horas al tiempo y escribir. Es muy complicado conciliar, pero eso no es lo peor. Lo más difícil es seguir escribiendo cada día sin culpa. Mirar la ropa por planchar, los juguetes sin recoger, la nevera vacía, etc., y no parar de escribir. Todo este tiempo necesitaba un poema, que expresase lo que estoy viviendo.
El velo de la culpa cayó. Pude sentir el poema, lo que veía y lo que realmente "Tengo".
La poesía es fundamental para el ser.
Es la emoción trasformada en palabras. Sofía Bago.